EL EGOISMO

 
  1. No hay nada más fuerte ni más débil en el animal ‘hombre’ que su amor propio, su egoísmo, su narcisismo ¡Para el hombre todo debería girar alrededor de sí mismo! Efectivamente, no hay nada más complejo, multiforme y contradictorio que este mismo egoísmo; incluso el altruismo, la objetividad, la compasión, la solidaridad y la negación de uno mismo, parecen ser expresiones rabiosamente egoístas.

  2. El ser humano actúa, razona y se comporta en la medida de cuanto le satisface y excita: ya por obediencia, ya por dinero, ya por remordimiento, ya por honor y fama, ya por ánimo de retribución, ya por ambición y sed de victoria, ya por sensibilidad y estética (dolor-placer), ya por amor u odio, ya por mil y una afecciones distintas y mezcladas. El fuego, con su perpetuo revolucionarse y contradecirse, su afirmarse y negarse a costa de cuanto engulle y vuelve polvo, siempre quieto y nunca quieto, uno y múltiple a la vez, es la imagen sensible del egoísmo.

  3. El egoísmo no es más que la actitud y la fuerza que adoptan los organismos para consigo mismos y con cuanto les rodea ¡También los planetas, los sistemas solares y las galaxias son egoístas!

  4. El egoísmo atiende, sencillamente, al principio de conservación de la energía. En razón decimos que el egoísmo es demostrado ¡No hay manera de escapar de él!

  5. El egoísmo humano es el principio básico de toda psicología demostrativa y por tanto, es el principio básico de toda ética –El estudio de la conducta y el comportamiento humano- que se precie de ser verdadera y científica. Pues sólo lo demostrable es digno de ser llamado verdadero y científico. Todo lo indemostrable cae en el ámbito de la superstición y la mentira.

  6. Demostrar no es deducir ni corroborar empíricamente, sino respetar el principio de conservación de la energía, es decir, respetar la continuidad ontológica del mundo físico.

  7. El egoísmo siempre tiende a lo que le excita ya sea para saciarse y hartarse ya para aventurarse a nuevos apetitos y así, evadir su hastío.

  8. El egoísmo de un organismo se manifiesta, precisamente, por su excitación, eso es, por qué se ve excitado y por cómo se excita con eso. El gusto y el criterio que sigue un egoísmo a la hora de afectar a su entorno y a sí mismo lo definen.

  9. Un egoísmo, según sea el criterio y el gusto que manifiesta mientras se desarrolla y vive, puede encontrarse en un proceso de degeneración, debilitamiento y corrupción, respecto a su entorno, o bien, en un proceso de vigorización, de síntesis y crecimiento. Es una cuestión puramente energética.

  10. La degeneración egoísta expresa una desmembración, una negación y una disolución del sí mismo ¡Su entorno lo engulle! Sin embargo esto no indica que la degeneración sea mala o pecaminosa. Por ejemplo: todo proceso de reproducción indica cierto estado de degeneración egoísta.

  11. Considerar a la vigorización y a la degeneración buena o mala es una valoración estrictamente humana que refleja, más bien, el estado fisiológico de cierto egoísmo: los degenerados disfrutan degenerando y con motivo, llaman bueno al degenerar ¡Pues se complacen y disfrutan con ello!

  12. Todas las cosas nos afectan: quieren devorarnos y vivir a nuestra costa.

  13. La debilidad humana sólo indica la incapacidad para dominar y sacar beneficio del entorno, las situaciones, en fin, de lo que nos afecta.

  14. Para remediar la debilidad y la impotencia humana se han inventado distintas terapias: la represión, la evasión, el dejarse llevar, el suicidio, el conocimiento puro (el idealismo), la humildad, etc… Todo esto son mecanismos egoístas, es decir, estrategias psicológicas para intentar paliar la brutalidad y la violencia que afecta a los egoísmos. Sin embargo cabe estudiar si una terapia es efectiva o, simplemente, actúa como un narcótico y por tanto, en vez de curar en realidad continúa pudriendo, debilitando y haciendo degenerar al egoísmo, viéndose éste, incapaz de afrontar y sacar provecho de nada. 

  15. Durante siglos el principio básico de la psicología ha sido el Yo, es decir, el alma humana o la conciencia ¡El individuo! A través de esta tesis idealista se ha deducido una psicología y una moral que deriva en conclusiones e hipótesis imposibles, eso es, indemostrables; como por ejemplo la supuesta existencia del subconsciente o bien, la supuesta existencia del alma en cuanto a un recipiente inmutable, eterno e invariable causa sui de todo cuanto vivimos o, en fin, la hipotética existencia de un mundo moral y objetivo. Sin embargo, es posible interpretar todos los argumentos que se han dado a favor de estas tesis idealistas desde una óptica estrictamente fisiológica: como mecanismos y estratagemas creados por ciertos egoísmos para hacer frente a cuanto experimentan.

  16. El idealismo no sólo es falso e imposible, sino que además es perjudicial para un desarrollo potente del egoísmo, eso es, del organismo.

  17. La psicología idealista desarrollada antiguamente por Platón, tergiversada, luego, por el cristianismo (San Agustín), modificada por Descartes y Kant, y heredada por los positivistas del s.XX, parte de la idea que el egoísmo debe ser refutado por inmoral, engañoso y malo. Sin embargo, refutar el egoísmo es como refutar la vida misma en nombre de una hipotética realidad moral y objetiva.

  18. No hay nadie más ciego que aquel que no quiere ver, ni nadie más sordo que aquel que no quiere escuchar’ dice la cultura popular. Es nuestro egoísmo quien nos hace ciegos o avispados según le apetece; éste es lo más parecido a un estómago: caprichoso, sensible y selectivo.

  19. La moral idealista que predica la existencia de leyes morales que los hombres deben respetar y atender más allá de la legislación establecida por la propia voluntad humana, pretende, ante todo, salvar y proteger al individuo es decir a la conciencia, al alma, a la persona, en fin, a la entidad ontológica de la vida ¡Como si tal entidad fuera lo más valioso, incluso real!

  20. No se puede demostrar la existencia de la unidad ontológica de la vida. No hay manera de salvar el alma o la conciencia, es decir, no hay manera de salvar y proteger la vida de las ‘personas’ ¿Cómo salvar y proteger algo que sólo es fruto de tu imaginación, tu sentimentalismo, tu egoísmo? ¡El alma es una invención creada como mecanismo de defensa de ciertos egoísmos!

  21. Saber tratar a las personas es, en efecto, saber tratar a los distintos y variados egoísmos. Y no hay nada más difícil que llevar a buen puerto semejante tarea.

  22. Todo humanitarismo sólo expresa la voracidad de cierto tipo de egoísmo.

  23. Nunca se salva ni protege a una persona, sino a un tipo de egoísmo.

  24. Respetar y tolerar a las personas es respetar y tolerar distintos egoísmos y por tanto, distintos intereses, propósitos y ambiciones.

  25. Hay que ser un Dios para alcanzar una tolerancia tan magnánima que respete y tolere todas las formas vivas con sus permanentes intestinidades y voracidades egoístas.

  26. Juzgar si un feto de 24 semanas es una persona o no y por tanto, si es una vida humana o no, sólo expresa una opinión egoísta y, las más de las veces, sólo manifiesta una preocupante voluntad de vivir en un sueño propio, en un sectarismo, eso es, en la incapacidad de tragarse la realidad.

  27. Nunca se ama o se odia, se alaba o se recrimina, se respeta o se teme a la persona, sino a un tipo de egoísmo.

  28. La violencia no es ningún mal, sino, más bien, la necedad, la cobardía y la incapacidad de hacer frente a la vida que manifiestan ciertos egoísmos. La violencia sólo es el pan de la vida.

  29. La mayor crueldad inventada por el hombre es la bondad, eso es, pretender aparentar que el hombre no es un ser cruel, falso y violento, es decir, egoísta y animal. Este planteamiento ha hecho más daño a la civilización que mil guerras. Y sin embargo, ¡cuánto partido han sacado muchos de ello!

  30. Atacar, acusar, destrozar o incluso insultar despiadadamente no tiene porque atender, necesariamente, a un pasar cuentas o a algo personal. Puede ser, simplemente, pura diversión o bien, una postura instintiva de lo fuerte sobre lo débil. Para un león, por ejemplo, despedazar a la cebra más coja de la manada no responde a nada personal ¿Por qué toda actitud de caza y captura entre los hombres ha de ser interpretada como un problema personal, como un pasar cuentas o una venganza? ¿Acaso la sociedad no es una selva?

  31. ‘Una buena guerra se empieza atacando a lo más débil’ (Sun Tzu)

  32. Todo ataque, abuso y violencia ejercida sobre otro viene motivado por una conducta rabiosamente egoísta. No obstante, no todos los ataques y abusos responden a un mismo tipo de conducta egoísta.

  33. Los caracteres psicológicamente más sanos y vigorosos expresan los egoísmos más destacados, cultivados y profundos ¡Son egoísmos que se caracterizan por una especie de desinterés personal hacia cuanto hacen, piensan o viven! En otras palabras, no suelen creer en el causa-efecto o en la retribución y el mérito -En la supuesta lógica interna de las cosas-, sino en sus instintos y sus pasiones. No temen a sus instintos y pasiones, sino que juegan a placer con ellos, esto es, no les angustia que éstos jueguen con él.

  34. Los egoísmos más fuertes entienden la venganza y el pasar factura de forma muy distinta a como la entienden los egoísmos más pequeños.

  35. La venganza es una pasión que expresa cierta debilidad fruto del dolor ya por una pérdida o una ofensa o una impotencia. Para las sociedades aristocráticas -En donde se forjaban egoísmos de primer orden- la venganza era tratada como una especie de flatulencia del espíritu, y como tal, aconsejaban liberarla.

  36. Vengarse no es una conducta reprobable, mucho peor es dejar que esta cruel pasión te destroce y te pudra por dentro. En efecto, los grandes egoísmos viven el sentimiento de venganza como una pasión algo superflua, es decir, inferior a su altura anímica. Con motivo suelen jugar a placer con ella. "No cabe paz entre nosotros, dijo Alcibíades, pero yo me vengaré en ocasión más oportuna. Ahora, Agaton, alárgame una de tus guirnaldas para ceñir con ella la cabeza maravillosa de este hombre. No quiero que pueda echarme en cara que no le he coronado como a ti, siendo un hombre que, tratándose de discursos, triunfa ante todo el mundo, y no sólo en una ocasión, como tú ayer, sino en todas" (El banquete de Platón).

  37. Los egoísmos más vulgares suelen no entender el desinterés: no entienden como alguien puede sacrificarse o atacar alegremente algo que no le va a reportar ningún beneficio consciente y palpable, quizás todo lo contrario. Y cuando aprecian a un carácter desinteresado ‘juguetear’ fieramente con algo, creen que éste debe buscar lo que ellos buscarían en tales casos: una retribución, un pasar cuentas, un causa-efecto, una ganancia palpable, un negocio.

  38. Uno de los más grandes placeres humanos consiste en inflingir daño. Pero muy pocos se atreven a confesarlo en público.

  39. La crueldad y el sexo han sido los grandes temas tabú de la cultura occidental durante siglos. Y sin embargo, ambos forman parte fundamental de la vida.

  40. Negar la crueldad y el sexo no ha sido más que crueldad, es decir, se ha hecho por el placer de negar cuanto somos ¡La autodestrucción es una especie de gozo!

  41. Cuando algunos se sienten heridos consideran que existe ‘algo’ que debe tener la culpa de ello: ya sea él mismo, ya sea un demonio, ya sea un animal, una persona o un objeto. No se dan cuenta que el dolor, eso es, el sentimiento de ofensa y de estar herido, es un síntoma, no un efecto causal. Una herida sólo muestra nuestra debilidad y nuestro derrumbe.

  42. Somos capaces de ir aguantando muchas pequeñas y grandes cosas que nos afectan y violentan, hasta que llega la gota que colma el vaso… y nos resquebrajamos por nada.

  43. A veces nos sentimos tan abatidos y acongojados que la más nimia despreocupación y trivialidad nos arranca una sonrisa. 

  44. Los egoísmos profundos agradecen lo superficial… y no piden nada más.

  45. Los egoísmos pequeños se caracterizan por: considerarse la balanza que mide el mundo (idealismo); considerar que ellos son especiales, trascendentales y poseedores de la Verdad; denigrar todo cuanto les contradice y violenta. Estas son sus tácticas emocionales para hacer frente a la vida y tomarse algunos provechos de ella.

  46. Los egoísmos pequeños son perceptivamente inferiores, eso es, su capacidad de discernimiento estético es muy bruta y deficiente: en donde los superiores destacan matices, heterogeneidad y diferencias ellos lo tratan, todo, como si fuese homogéneo e idéntico.

  47. Cuanto más mediocre y vulgar es un egoísmo, más fácil es engañarle haciéndole creer que haciendo tal o cual cosa sacará un beneficio y una ganancia. Los egoísmos pequeños viven de promesas que muchas veces las consideran predicciones y decretos universales. En este sentido, se mueven interesados en poder sacar beneficios y ganancias con algo, es decir, confían que a través de cierta conducta podrán apaciguar sus deseos ¡Y no ven nada más que sus deseos! Por ello creen ciegamente en el mérito, el causa-efecto, la determinación y la retribución, puesto que tales creencias dan alas a su sed por satisfacer sus deseos. Sin embargo éstos egoísmos son los primeros de verse devorados y aplastados por su propia necedad.

  48. Querer no sólo muestra una gran fuerza, sino también una gran debilidad. Así como les sucede a los peces, sólo a través de nuestros deseos nos pueden engañar, pescar y devorar. Si a mucha gente le gusta vivir engañada es porque vive ahogada en medio de sus deseos.

  49. La fe no es más que un deseo.

  50. Quienes quieren cazar a los hombres ante todo se dedican a acrecentar y a promocionar sus deseos, intentando que éstos se vaya haciendo cada vez más quiméricos y ciegos ¡De esta guisa pretenden que los hombres se vuelvan esclavos de sus deseos! Hecho que los convierte en presas fáciles.

  51. Muchos cazadores de gente quedan atrapados en sus propias redes. Eh aquí el colmo de la ineptitud.

  52. El principio básico que distingue la ciencia (el conocimiento demostrable) de la mentira, la fantasía y la superstición es el siguiente: no todo lo que deseamos es posible y real. Pero muchos hacen caso omiso de tal constatación ¡No quieren escucharla! Pero éstos no son más que carne de cañón y pasto del tiempo.

  53. La mayoría de pensamientos se valoran por el provecho y el beneficio que se puedan sacar de ellos. Se llama verdad, a aquello que algunos pueden sacar grandes ventajas y satisfacciones. Las más de las veces la verdad sólo es un sinónimo de éxito ¿Y de qué depende el éxito?

  54. Es difícil engañar a los hombres desinteresados, es decir, a los que no creen en el causa-efecto ni en la determinación de la naturaleza ni, por tanto, en el azar -Los hombres desinteresados no se dejan dominar fácilmente por sus deseos; son capaces de mantenerlos adormecidos en una forma letárgica y criogénica, para desvelarlos cuando llega el momento-. Pero estos desinteresados son tan pocos y excepcionales que no cuentan cuando normalmente se hace una descripción del hombre y su comportamiento ordinario. Lo normal es dejarse engañar ¡Por eso el hombre adora vivir en sociedad! Es su forma especial de sacrificarse.

  55. Todos los egoísmos adoran el sacrificio, puesto que el sacrificio, con toda su crueldad, forma parte del goce de vivir; pero no todos entienden el sacrificio de la misma forma: unos dan la vida por una fábrica; otros por una patria; otros por unos estudios e investigaciones; otros por unos ideales; otros por sus hijos y amigos; otros por sí mismos; otros por...

  56. En los grandes egoísmos el desinterés hace referencia a un ensimismamiento hacia uno mismo: apreciar cuan superior y destacado es uno mismo. Es una especie de autoestima y de gozo hacia uno mismo.

  57. Durante siglos al desinterés se le ha llamado vanidad, pues a muchos les parecía una conducta vana e inútil.

  58. Dice Nietzsche: nos equivocaremos pocas veces si atribuimos las grandes acciones a la vanidad humana, las mediocres a las costumbres y las fatales a la cobardía y el temor. 

  59. La vanidad humana raras veces anda sola, sino que, especialmente en los caracteres más bajos, se mezcla y embrutece con muchas otras pasiones -Las mujeres más feas son las que usan más potingas para maquillarse-. Por ejemplo, la vanidad del esclavo: para ensimismarse de sí mismo persigue la aprobación de su amo ¡Eh aquí la forma en que pretende ennoblecerse! O la vanidad del religioso: para ensimismarse de sí mismo pretende congraciarse con Dios amándolo, postrándose y venerándolo. O la vanidad del actor que para ensimismarse de sí mismo recurre a la aprobación del público -Quiero que mi trabajo haga disfrutar a la gente- Piensa el actor. Pero todo es vanidad camuflada.

  60. En un egoísmo débil, sus pasiones y sentimientos más fuertes y dominadores suelen manifestarse tras muchos velos, engaños, mascaradas y maquillajes ¡Les encanta oscurecer y camuflar el rostro de sus pasiones más fuertes! No es raro, entonces, que hasta para ellos mismos tales sentimientos directores, incluso tiránicos, pasen desapercibidos. Este instinto que muestran los egoismos pequeños para camuflar sus más voraces pasiones es, a fin de cuentas, la táctica que siguen para ocultarse y protegerse de los demás egoísmos.

  61. Las pasiones egoístas más fuertes no sólo manifiestan nuestras más potentes virtudes sino que, paradójicamente, también pueden sacar a relucir nuestras mayores debilidades. Y lo pobres de espíritu deben protegerse de ellas. Para eso se han inventado un montón de maquillajes, eso es, de estratagemas lógicos.

  62. Ninguna pasión es algo puro, dado, redondo y de por sí. Pero las palabras así nos lo hacen creer. Las palabras son un muy buen artilugio para esconder y tapar muchas cosas que no queremos que salgan a la luz.

  63. La salud pasional de un egoísmo se mide por su pureza: por su capacidad de amarse a sí mismo, eso es, por su capacidad de no esconder ni embrutecer sus mayores virtudes y pasiones, sino de jugar con ellas y cultivarlas. Pero para alcanzar tal estado hay que sentirse muy libre, es decir, hay que saberse muy por encima de los demás egoísmos.

  64. Ordinariamente se le llama desinterés al pasar de todo, al spleen, a la desidia y por tanto a la apatía, eso es, a la falta de pasión. A lo que se le llama vulgarmente desinterés es más una cuestión de pasiones que de intereses propiamente dichos.

  65. Hay mucho placer en pasar de todo y en abandonarse.

  66. Un egoísmo pasional siempre encuentra un interés u otro, es decir, el objetivo es lo de menos. Las mujeres enamoradizas no se fijan demasiado en los hombres de quienes se enamoran. En verdad, no les importa el hombre sino su pasión.

  67. La pasión nunca busca un fin concreto con que saciarse, sólo se desata y explota. Es como un río: se desata pendiente abajo; entonces puede acabar desembocando en el mar. Pero, ¿acaso el interés del río es llegar al mar? ¿Acaso el río tiene una finalidad por sí mismo? ¿No es esta una interpretación muy chabacana de cuanto experimentamos?

  68. Llamamos interés a lo que atiende a cierto cálculo racional. Y como todo lo racional se ve arrastrado por múltiples pasiones y fogueos ¿Mostrará el interés una especie de pasión y fogosidad?

  69. El interés, en cuanto a un cálculo racional, procura sacar el máximo beneficio posible en cualquier situación. Pero como ocurre en todas las contabilidades este cálculo se puede hacer de mil formas distintas, dependiendo de qué se tome como valor base. En todo calcular hay mucho de irracional, es decir, mucha pasión desatada que le da igual a donde va a desembocar ¡Sólo busca desembocar y saciarse!

  70. Todos los razonamientos u opiniones humanas son egoístas: unos quieren vivir de una forma, y para ello definen la vida mediante ciertos atributos y consideraciones que les sean convenientes. Otros quieren vivir de otra manera que les parece ser más ventajosa y provechosa; y con motivos encuentran mil y unas razones para denunciar y refutar la visión de la vida que proponen y defienden los primeros.

  71. Nos enamoramos. Y sólo una vez enamorados buscamos razones para justificar tal enamoramiento, eso es, para justificar que ese chico/chica es digna de nuestra pasión ¿Qué tiene eso de racional? Todo y nada.

  72. No tener argumentos para justificar cuanto hacemos, pensamos o sustentamos no implica que cuanto hacemos, pensemos y sustentemos esté mal, sea equivocado o tan siquiera irracional. Sólo indica que, quizás no hayamos perdido el tiempo buscando razones para justificarnos ante otros (Para refutar a Sócrates y su exigencia dialéctica).

  73. Ninguna razón puede hacer cambiar nuestro parecer cuando odiamos y detestamos algo, o alguien. Las razones siempre se diluyen al entrar en contacto con nuestras pasiones; tan fieras son éstas.

  74. Muchos consideran que criticar es odiar, porque precisamente ellos sólo se ven impelidos a criticar y atacar cuando odian.

  75. Una crítica puede estar dominada por muchas clases distintas de pasiones.

  76. Es difícil saber interpretar las pasiones humanas: a veces lloramos de risa.

  77. No resulta fácil aceptar que otros nos lleven la contraria y vitoreen cuanto nosotros detestamos. Pero aceptarlo tampoco tiene porque ser algo bueno. En general ante quienes nos llevan la contraria preferimos o burlarnos de su razón o refutarlos o meramente despreciarlos. Y todo esto quizás sea más sano.

  78. Siempre somos injustos cuando hablamos de aquello que no tragamos o no podemos ver ni en pintura.

  79. Dando la razón, incluso alabando y aplaudiendo, queremos expresar en público que tenemos buen juicio por las cosas y por tanto, que sabemos lo que hacemos -No todas las cosas son dignas de nuestro consentimiento, pero ésta se la merece- Pensamos orgullosos, mientras sentimos una gran satisfacción para con nosotros mismos.

  80. Aplaudir a otros es una forma de dominarlos, de absorberlos y de gozar de cierta ascendencia sobre ellos.

  81. Gouns observó que después de soltar un sermón, los cristianos dicen –Hermanos, daros la paz-. Y ante eso comentó: el poder dar la paz, el creer tener el poder para apaciguar los dolores y ansiedades de los demás egoísmos es una forma sumamente refinada de excitar la vanidad de los hombres –Les hace creer que gracias a Dios ellos son lo suficientemente ricos, poderosos y sabios como para cumplir lo que ningún emperador ni estadista ni legislador ni jefe ni filósofo ha podido alcanzar jamás por más buena voluntad hubiese puesto en ello: conseguir que todo el mundo esté completamente satisfecho y apaciguado-.

  82. La satisfacción no es mejor que la insatisfacción.

  83. ‘Quienes se pelean se desean’ dice la cultura popular.

  84. Para cambiar nuestro gusto y criterio sobre las personas, las acciones o los pensamientos se requiere de un cambio estético, es decir, un cambio perceptivo, emocional, fisiológico: cuanto antes nos desagradaba, cabreaba o acongojaba ahora nos parece agradable, excitante o sencillamente, neutro e indiferente. Y las más de las veces el poder hacer este cambio no está en nuestras manos.

  85. La costumbre es, simplemente, terminar acostumbrándonos a algo. Esto es, aquello que de buenas a primeras nos parecía incómodo, doloroso, extraño, horrible, aquello que nos agarrotaba, pinchaba y violentaba, de repente se convierte en algo cómodo incluso placentero. El egoísmo se acostumbra a todo a la fuerza, si no revienta.

  86. Si no advertimos cuan crueles somos a diario con cuanto nos rodea es porque estamos acostumbrados a ello. Nuestros sentimientos acumulan mucha piel muerta.

  87. Las costumbres son lo más difícil de estudiar, puesto que estamos tan habituados a ellas que no les prestamos atención. Sólo prestamos atención a cuanto nos choca y altera.

  88. Las pasiones son la fuerza motora del egoísmo. Querer estar por encima de ellas, querer enfriarlas, querer exterminarlas es, a pesar de todo, una pasión cruel, oscura y tiránica.

  89. Las grandes pasiones son las más frías: te mueven lentamente, pero ininterrumpidamente. Las pasiones más acaloradas -Ayer te amaba locamente y hoy ya no siento nada-, en realidad, se someten a los oscuros designios de las más frías. Pero la mayoría de gente -que emocionalmente siempre son muy adolescentes- no se da cuenta de ello, y sólo atienden a sus sentimientos más superficiales y 'espontáneos'. Y les parece estar viviendo un sueño.

  90. No hay forma de escapar de las pasiones... a no ser que desaparezcas en la nada. Pero eso resulta imposible.

  91. Para dominar el criterio, el juicio, las valoraciones y consideraciones de los hombres hay que saber dominar, controlar y jugar con sus siempre hambrientas e insaciables pasiones y sentimientos.

  92. No hay nada más complejo, profundo y caótico que el mundo de las pasiones humanas, eso es, el egoísmo.

  93. Quienes exigen que todos los hombres sean dignos, iguales, y respetables por sí mismos, se mueven por puro egoísmo: exigen la justicia, no por amor a ella, sino por temor a sufrir la injusticia. Defender los derechos de los demás, es las más de las veces, una forma subterránea de defender los propios derechos. Otras veces es sólo hipocresía -Muchos hablan de ello porque está de moda y hace ser sociable-. 

  94. A las gentes pequeñas, es decir, a los egoísmos afectados les indigna y sulfura la arrogancia y la soberbia de ciertos egoísmos, acaso los más trágicos y satíricos, los cuales contemplan todas las cosas a distancia, con cierta maldad, despreocupación e ironía ¡Los espíritus pequeños no tragan la frialdad de lo superior! Encuentran detestable que algunos se rían, se burlen y critiquen sin respeto ni piedad aparente todo cuanto ellos consideran importante, grave y serio.

  95. La superioridad cultural se mide según su capacidad por reírse del mundo y de sí mismo, esto es, por su capacidad de quitar hierro a cuanto muchos consideran serio, grave o trascendente. Toda cultura clásica es satírica.

  96. El hombre es un animal que venera. Y cuanto más bruto es el animal hombre más cosas las considera no meramente sagradas, sino intocables, incluso sobrenaturales y quiméricas.

  97. Meterse con lo sagrado es una forma de pervertirlo, desvirgarlo y desfanatizarlo. Pero, ¿es eso hacerle un mal? Vivir exige desvirgar muchas cosas.

  98. La mayoría de la gente critica o desprecia con severidad toda opinión que encuentra desagradable e indignante. Sólo dan la razón a lo que ellos les agrada, les complace o simplemente les conviene. Pero eso no tiene nada de razonable... ni de honesto.

  99. Los más, que a la vez son los menos honestos, sólo se preocupan por el cómo se exponen las cosas ¡Para ellos la forma es el ser de las cosas! Cómo mucho pueden reconocer que, si bien parece razonable lo que cuentas, tu forma de exposición no es la adecuada. En el fondo nos encontramos ante gente artísticamente pobre e ignorante, eso es, gente de cortas miras. Sin embargo ellos se creen ser el punto medio por donde se deben cortar todas las cosas.

  1. Los débiles, incapaces y cobardes siempre quieren ser tratados con indulgencia. Querrían que todo les fuera regalado.

  2. No tolerar los insultos es una muestra de egoísmos incapaces de convivir en libertad. En todos los ámbitos en donde se ha vivido con gran libertad de espíritu se han tolerado y usado los insultos como moneda corriente -El insulto entre espíritus fuertes es las más de las veces una muestra de compañerismo, igualdad y confianza recíproca-. Los insultos nos hacen más brutos y groseros, cierto, pero también más sinceros e inocentes.

  3. Poder decirse las cosas a la cara es cosa de hombres. Quien no pueda aguantarlo, que llore.

  4. Las más de las veces no nos molestan los insultos y las ofensas, sino quienes la propician. Nos molestamos cuando consideramos que quienes nos insultan no tienen ningún derecho a ofendernos, pisotearnos y atacarnos. 

  5. Nos afectan los insultos en la medida en que éstos puedan tomarse por verdaderos, dejándonos en malos ojos ante los demás. Molestarse por los insultos las más de las veces es vanidad.

  6. Si al egoísmo le quitáramos la vanidad sería como amputarle las dos piernas al animal hombre.

  7. Todos los idealistas han querido exterminar el egoísmo al tacharlo de inmoral por privar que el hombre pueda alcanzar el tan deseado mundo moral y objetivo, es decir, ese mundo grave y trascendental que debe regular y guiar nuestras vidas hasta el bienestar absoluto -El egoísmo priva al ser humano de ser bueno y sensato- Dicen ¿Pero no expresa eso, simplemente, el extraño desvarío que padece, precisamente, el egoísmo de esta clase de gente? ¿No es su moralidad una de las formas inmorales más rabiosas y envenenadas? ¡A quién quieren engañar!

  8. Uno de los descubrimientos morales más importantes del hombre de finales del s.XX ha sido apreciar como el bienestar no conlleva la felicidad, más bien la agobia -La gente de países subdesarrollados es más feliz que los de países desarrollados-.

  9. La mayor parte de las ideologías políticas modernas tenían como meta alcanzar el bienestar absoluto. Sin embargo, parece ser que no todo el mundo quiere eso ¡Cuántos prefieren una vida más dura y más profunda!

  10. Ser bueno, en un contexto idealista y moral, significa ser sumiso: obedecer las leyes morales universales como el esclavo servil obedece el dictamen del amo. Bien, esto puede ser muy útil para quienes se ven incapaces de adquirir un dominio propio y un criterio propio, pero no para quienes se saben libres y amos de sí mismos.

  11. Todos los jefes, amos, líderes, directores o sencillamente los caracteres libres son puramente egoístas. Pero también lo son, aunque a su manera, quienes les siguen, obedecen y trabajan para ellos; éstos ven a sus amos como algo suyo y propio. En razón, los subalternos aborrecen a sus superiores cuando no les consideran dignos de ellos ni, por tanto, dignos de la posición que ocupan ¡En cambio darían gratamente la vida por quienes aprecian, temen o respetan, puesto que de alguna forma se sienten identificados y unidos a ellos! Las más de las veces quien manda no sabe muy bien si vive de quienes están a sus órdenes o éstos viven de él.

  12. Muchos se quejan de la falta de líderes en el mundo. Pero en verdad, lo que piden son pastores que les lleven hasta una tierra prometida donde puedan pastar con tranquilidad ¡No son más que un puñado de borregos egoístas! Ciertamente, pero, temen a los líderes. Y si surge alguien con casta de líder, lo masacran. En verdad, por más que prediquen lo contrario no conocen ni la justícia ni la razón, solo atienden a sus apetitos.

  13. La civilización baila al son de los egoísmos. Y si la civilización persigue fines antiegoístas como –La igualdad y la fraternidad-, es, paradójicamente, para satisfacer el egoísmo de unos cuantos (o muchos).

  14. La regla de oro de la moral, es decir, de la conducta humana dice –No hagas a los demás lo que no querrías que te hiciesen-, es decir, -Compórtate con los demás como te gustaría que ellos se comportasen contigo-. Esta regla es para imbéciles: primero, presupone que todos los hombres son pastados iguales y por tanto, les interesan, excitan, preocupan las mismas cosas. Segundo, es la suma expresión de un egoísmo pequeño que no ve más allá de sus propios deseos –Todo el mundo debe ser como yo y por tanto, debe tener mi mismo criterio: debe sentir como yo siento todas las cosas-. Tercero, exige la existencia del causa-efecto y la retribución: si yo me comporto de tal manera entonces es justo exigir a los demás que se comporten de manera equivalente.

  15. La regla de oro de la ética es una fantasmada: fomenta egoísmos pequeños y mal educados, incapaces de sacar jugo a los demás egoísmos. Pero los imbéciles e inútiles la adoran. Allá ellos.  

  16. Diga lo que diga la gente a bote pronto, parece ser que quienes aman la vida ante todo desean ser útiles, sentirse útiles, es decir, sentir como alguien o algo les saca 'lo mejor de sí mismos'. Sacar provecho de los demás y por tanto, usarlos como instrumentos para satisfacer la propia voluntad quizás sea algo inmoral, como denunciaba Kant, pero predicar la existencia de un hipotético mundo moral que deba regular de forma absoluta la conducta y el comportamiento de todo ser humano es la más gran mentida. Lo único que el imperativo 'no utilices a las personas para tus propios fines sino que trátalas como personas -unidades ontológicas válidas y dignas por sí mismas- con las cuales alcanzar un fin común, universal y objetivo -apriori-' aporta a la vida es la frustración. Y por respeto a la propia vida, más vale ser inmoral que un frustrado.

  17. Los que van de buenas personas no tienen nada de buenas personas. Sencillamente su egoísmo es distinto al de las ‘malas’ personas: sus propósitos, intereses y sensibilidad son distintos.

  18. Afirmar –Yo soy buena persona- es una forma de pedir inmunidad y un trato de favor.

  19. La popular idea que dice –Actúa libremente pero sin hacer daño a nadie- es otra de las grandes imbecilidades que se han inventado para cebar a los egoísmos pequeños. Creer que cuanto uno hace o dice no perjudica ni molesta a nadie (ni a nada) es una forma refinada de creer –Yo soy bueno y digno, y por tanto, es absolutamente injusto que alguien me dañara y me molestara- ¡Estamos ante una forma de protección sumamente infantil! En cualquier caso, parece ser que, en verdad, ignoramos las infinitas repercusiones que tienen nuestros actos, creencias y pensamientos sobre el mundo. A fin de cuentas, predicar tal premisa es una forma de querer vivir ciego y engañado ante la realidad… ¡Por pura cobardía! 

  20. Dividir moralmente a los seres humanos entre buenos y malos es ridículo: todos miran para sí mismos ¡Incluso los más solidarios!

  21. El compasivo sufre al ver sufrir a los demás, entonces, su débil y afectado egoísmo le incita a rumiar qué hacer para dejar de sufrir –Hay que salvar a quienes me hacen sufrir con sus padecimientos- Piensa, y mientras se compadece y ayuda al necesitado se siente reconfortado.

  22. Actuar por compasión no sólo resulta ser infértil las más de las veces, sino incluso perjudicial –Ningún egoísmo caritativo, compasivo y solidario ha solucionado las miserias del mundo con su buena fe ¿Qué ha hecho entonces? Ha dado esperanzas a los desgraciados mientras ha deprimido a los más ricos ¿No es eso cruel?-. A fin de cuentas, y aunque parezca paradójico, quienes sólo se procuran de sí mismos son quienes ayudan con mayor eficacia a los más necesitados: los primeros usan a los demás como instrumentos suyos para alcanzar sus objetivos, mientras los demás sacan provecho de cuanto éstos alcanzan.

  23. No hay forma de fomentar el dolor y la sensación de miseria humana con más eficacia que predicar que todo el mundo es igual y por tanto, que todos tenemos los mismos derechos –Si alguien tiene algo tú también puedes tenerlo- Se predica con malicia. Esto ha fomentado las envidias, las histerias, las angustias, las convulsiones, las comparaciones, por conseguir lo que tienen los demás y claro está, por no ser menos. Se ha predicado el : vive cómo viven los demás. Esta lacra ha hecho enfermar a los egoísmos; les ha obligado a que se olviden de ellos mismos, que se fijen sólo en los demás y por tanto, que se extravíen. El feminismo y su obsesión por equiparar el hombre y la mujer, sólo es una especie de enfermedad –Muestra la incapacidad de la mujer para crear sus propios derechos, ilusiones y privilegios-.

  24. El luchar por unos fines o unos ideales no demuestra nada sobre tales fines e ideales. Puedes matar o incluso morir por una causa, pero nada de eso demuestra que tu causa sea justa, buena y digna. Tales juicios y valoraciones te los has inventado tú para reconfortarte y vanagloriarte de tu sacrificio, tu rapacidad y tu lucha. Hablas de causa digna cuando en realidad pretendes decir –Yo soy digno y bueno-. Y esto no es más que narcisismo.

  25. A principios del s.XIX se predicó por doquier –El trabajar dignifica el hombre-. Parecía que sólo quienes se ganaban la vida mediante el rudo trabajo diario sin más aspiración que el sueldo eran dignos y buenos, mientras aquellos que escogían otras formas de vida eran tachados de inhumanos, desaprensivos o criminales. En verdad, lo que se hizo fue elevar y mimar el egoísmo de las masas trabajadoras para que se sintieran orgullosas de sí mismas haciendo algo ciertamente penoso y desagradable, aunque necesario y útil. Sin embargo, para los hombres libres de la antigüedad (Grecia y Roma) o para los caballeros europeos, el trabajar era un atentado a su punt d’honor. Antes preferían declarar la guerra y morir en ella a vivir trabajando como un esclavo; pues su egoísmo y amor propio les privaba apreciar ninguna dignidad en ello. A su entender, sólo había dignidad en la lucha, puesto que ésta sacaba a relucir todos los aspectos más fuertes, sanos y vigorosos del amor propio.

  26. Las más de las veces los hombres se ponen a luchar al son de unos intereses y unos ideales sencillamente por el egoísta placer del conflicto ¡Tienen ganas de liarla, de destrozar cosas, de dar rienda suelta a sus envidias, codicias y frustraciones! La causa sólo es la excusa que hace de mecha para dar rienda suelta a sus voraces pasiones.

  27. Las más de las veces los hombres matan, mueren, roban, denuncian, acusan, se desencajan, engañan, arruinan, incluso se ponen en evidencia y peligro por amor a una causa. Y sin embargo, esta causa resulta ser sumamente perjudicial para sí mismos ¡También el egoísmo se ve engañado y atacado por su propia fiebre y rapacidad!

  28. Quines hacen, piensan y sienten lo que no les conviene manifiestan un tipo de egoísmo enfermizo que, en cierta forma, se odia, desprecia y detesta a sí mismo. Éstos son enfermos emocionales.

  29. Quines creen fervientemente en los demás, eso es, en cuanto les cuentan y prometen, estos, estos no creen en sí mismos. Su autoestima se ha vuelto contra sí misma.

  30. Quien ama, también odia con igual intensidad, y viceversa.

  31. La falta de desconfianza muestra un egoísmo débil, incapaz y enclenque que se abandona al mundo, al entorno y al azar. La fe no ciega, sino que la fe es la mirada del ciego y el inválido mental que se ve incapaz de dominar y hacer frente a nada y por eso, busca insaciablemente la salvación: cree en la salvación simplemente porque la desea imperiosamente.

  32. Ningún hombre mentalmente fuerte y triunfador confía en el azar ni la suerte, sino en la fuerza de su propia voluntad. Los egoísmos vigorosos no permiten que las cosas sigan su ritmo, sino que imponen y pautan cierto ritmo a las cosas. A eso se le llama cultivar.

  33. Siempre pensamos, sentimos, actuamos y vivimos de forma estrictamente egoísta. Nos resulta imposible marchar fuera de lo que somos ¡Aunque muchos aspiren a ello ya mediante Dios ya mediante las Drogas ya mediante Ideales ya mediante la ciencia objetiva y desapasionada, la filosofía o bien, la compasión!

  34. Para gozar de una gran salud y pureza anímica hay que haber pasado por muchos estados enfermizos y decadentes ¡Crecer es haber superado muchas fiebres! Para saber apreciar y reflejar un profundo amor propio hay que haber pasado por muchos desprecios y extravíos, muchas ceguedades y creencias.

  35. Ulises se extravió durante más de diez años por tierras lejanas, peligrosas y seductoras ¡Cuánto tiempo vivió a expensas de Calypso, la que oculta! Y aunque las más de las veces se dejó llevar por la situación y las tentaciones que ese viaje exótico le presentaba, el aroma de Ítaca nunca desapareció de sus sentimientos, sino que permanecía en la profundidad de su alma como un deseo oscuro, latente, dominador, que espera el momento propició para emerger con toda su fuerza, esplendor y virulencia e imponerse al destino. Un egoísmo profundo, vigoroso y fértil es aquel que por más que se extravíe, desprecie y divague nunca pierde el punto de contacto con lo que es ¡Nunca se deja engullir, dominar y conquistar por las circunstancias, por más que éstas lo zarandeen como una pobre veleta!

  36. Nada hay más difícil y complicado que describir el amor propio: su razón de ser nos resulta insondable –Siempre cambia, muda, fluye; a veces es una cosa a veces aparenta otra; enseña, coteja y esconde, y tergiversa todas las cosas con el ánimo de regocijarse con ellas.-

  37. Reducir la psicología al ámbito del cerebro es una visión harto mediocre e insuficiente de la psicología. La idea que la mente –el espíritu- y el cuerpo son dos cosas distintas separadas por un abismo resulta descaradamente indemostrable. Hay que replantearse esta tesis.

  38. Según el principio básico de la psicología demostrativa toda opinión humana es egoísta. Así pues, las tan trilladas ideas de objetividad y subjetividad no son más que diferentes manifestaciones egoístas: el egoísmo se disfraza de objetivo o de subjetivo según le apetece ¡Cómo un camaleón!

  39. Toda teoría, fórmula y opinión humana es un reflejo psicológico. En otras palabras, toda opinión científica, lejos de ser objetiva y por tanto, cierta por sí misma, refleja el egoísmo y el amor propio del científico ¡Refleja su estado psicológico: el cómo y el porqué hace frente a las circunstancias que le asaltan y afectan!

  40. Hay que estudiar la ciencia mecánica moderna a través de la psicológica demostrativa: cómo los afectos, intereses, sensibilidades y propósitos egoístas del científico traslucen a través de la aparente neutralidad, desapasionamiento y objetividad de sus conclusiones e hipótesis más universales.

  41. El egoísmo es el punto de referencias de todas las cosas. Sobre él se establecen todos los criterios con que juzgar las opiniones y actos humanos.

  42. Para dominar e influir a los hombres hay que hacer lo mismo que con los animales: ante todo poner un anzuelo para atraer su egoísmo ¡Y para eso hay que saber adivinar los distintos tipos de egoísmos que puedan aparecer y tras qué clase de satisfacciones, excitaciones y regocijos se mueven!

  43. El cristianismo está diseñado para cierto tipo de egoísmo y vanidad humana, a saber: aquella que aspira a una inmortalidad, a un bienestar absoluto, a una salvación anímica, a una omnipotencia. Es un supuesto remedio para los pobres de espíritu que faltos de voluntad propia se ven arrollados por la crueldad de la vida.

  44. El socialismo está diseñado para otro tipo de egoísmos: aquellos que, angustiados por la fugacidad de la vida y desengañados por la promesa de una vida en el más allá, pretenden convertir la vida terrenal en algo más llevadero, mediocre, fácil, funcional y soportable. Y dado que por sí mismos son incapaces de nada, se escudan en el prójimo afirmando que todos somos iguales. Con esta treta esperan poder trapichear con todo.

  45. El nacionalismo está diseñado para ese tipo de egoísmos que, viéndose lejos de conocerse a sí mismos, requieren de algunos símbolos, ídolos y costumbres para sentirse identificados, es decir, para saber quienes son. En el fondo, el nacionalismo representa un espíritu vasallo. En la edad medieval, en vez de nacionalismos la gente servía a un noble o a un rey, sintiéndose identificados en ellos. Sin embargo, una idea abstracta como la de nación –una bandera y un himno- sabe más digna a oídos de la gente que el egoísmo arbitrario de un rey: un rey puede decepcionar con más facilidad que una idea abstracta.

  46. El tecnicismo –La fe ciega en que el progreso tecnológico conlleva un progreso moral (libertad, verdad, bienestar, justicia, etc) de la humanidad- parece estar diseñado para egoísmos que, aún siendo poco científicos y muy garrulos creen ciegamente en lo que dice la ciencia, eso es, en los expertos. Los tecnócratas son egoísmos vasallos que fácilmente se someten a las opiniones de los expertos sencillamente por tratarse de la opinión de un experto. Su confianza es su regocijo.

  47. Cualquier hombre, sea cual sea su condición, se tiene en gran estima ¡Incluso cuando se maldice y se desprecia a sí mismo!

  48. Que un hombre se desprecie a sí mismo no significa que a ti te permita despreciarlo. Siempre hay una jerarquía.

  49. Hay mucho amor propio en el suicida.

  50. Dice Maquiavelo que más vale matar a un hombre que quitarle sus posesiones o llevarlo a la ruina; sus herederos pueden perdonarte lo primero, pero nunca se olvidarán de lo segundo.

  51. Lo más sabio, hoy por hoy, es desconfiar de todo, pero a veces nos da vergüenza y otras nos molesta y agota ¡La desconfianza no siempre es útil y placentera! Para eso están los amigos: de tanto en tanto se precisa descansar de ella y gozar de cierta paz.

  52. Los hombres sólo aprueban aquello que les satisface de alguna forma u otra. Distintos tipos de personas aprueba y censuran distintos tipos de cosas: lo que para algunos es vituperable y criminalizable para otros es ensalzado y glorificado; a lo que a unos les aburre a otros los excita. No hay punto fijo en los juicios humanos, como no hay medida fija para la voracidad de las pasiones humanas.

  53. Se tilda de orgullosos y arrogantes a quienes, precisamente, atentan contra nuestro orgullo y arrogancia. Nunca salimos del ensimismamiento de nuestro egoísmo: cuanto más pretendemos alejarnos de él, más nos atrapa… como en las arenas movedizas.

  54. La filosofía no es más que un juego cruel de nuestro egoísmo. (Para refutar la tontería de Wittgenstein).

  55. Una cosa es criticar y otra quejarse. Lo primero consiste en una glorificación y una estima a lo que se ataca; en toda crítica hay mucho reto y desafío. Lo segundo es no ver más allá de unas propias necesidades inmediatas ¡Y normalmente siempre se quejan los que menos sufren! Como que no están acostumbrados a ello entonces...

  56. Para congraciarte con los egoísmos pequeños hay que hablarles como a niñas pequeñas, y más aún: de forma sumamente dulce, delicada e indulgente, sino se quedan petrificados y acojonados ¡Los rompes por la mitad! Los mediocres siempre piden calma, moderación y respeto… ¡No hay que pasarse de la raya ! Con motivos, hombres superiores, triunfadores y arrogantes, como Leonardo da Vinci, escribieron de forma ilegible: para no tener que aguantar los patetismos de los enanos, los eunucos y la chusma que quieren husmear en todos los pozos, pero no tienen ni estómago ni altura anímica para ello.

  57. Lo mejor no pide nunca respeto, se gana el respeto.

  58. "El pueblo adora el ‘buenismo’." (Cicerón). El pueblo siempre es muy femenino.

  59. Todos los dictadores han sido personajes populares, es decir, ha sido el pueblo y la masa quien los ha encumbrado: Pisistratos, César, Napoleón, Hitler. En cambio, paradójicamente, todos aquellos que han despreciado el criterio del pueblo han sido los grandes defensores de la libertad popular y pública. Por ejemplo, Cicerón.

  60. En donde hay una aristocracia fuerte y rebelde no hay manera de que se erija un despotismo. El despotismo necesita que todo el mundo sea igual, es decir, esté por debajo de él y por tanto, lo primero que hace es atentar contra toda aristocracia.

  61. Quien ama y desea una libertad pública sana, es decir, una libertad que respeta las distancias entre los distintos tipos de egoísmos –distintas personas-, odia a la masa y sus aduladores.

  62. ‘Los hombres son todos iguales’; eso sólo lo piensan las mujeres fracasadas que han experimentado poco y mal. Y se engañan lamentablemente: su fastidio les ciega en sí mismas.

  63. Durante siglos los espíritus independientes, satíricos, irónicos, destructores, viriles, salvajes han tenido que vivir a la sombra y andar de noche, apartados de toda sociabilidad. Los que iban de buenos los tachaban de terroríficos: Maquiavelo, Leonardo da Vinci, La Rochefoucauld, La Mettrie, etc. Estos hombres y sus obras han sufrido las más grandes injusticias, ocultaciones y tergiversaciones. Y es que durante siglos se ha querido ocultar y apaciguar la realidad... así lo exigía la buena sociedad, que aspiraba vivir en su propia burbuja ideal. 

  64. En donde sólo hay calma y paz, todo se pudre.

  65. Uno de los peores aspectos de la divulgación es tener que aguantar a los necios: aquellos que se alteran e indignan ante cualquier palabra, mientras se ahogan en un vaso de agua. A la que uno se muestra un poco veraz no pocos se rasgan las vestiduras. Pero los fuertes no temen a los enanos… se ríen de sus opiniones y fantasmadas egoístas.

  66. ¡Cuántos hay que creen que chillando, emocionándose y teatralizando con gran vehemencia tendrán más razón! Pero parece ser que, con semejante moral y conducta, sólo pretenden ganarse la razón ante otros. Estamos ante una cuestión de dominio, influencias y erística ¿Qué tiene esto que ver con la razón?

  67. Siempre se escribe pensando en cierto tipo de egoísmos, esto es inevitable, sin embargo, hay que tener bien presente que cualquiera puede leerte y sacarte cierto provecho según sus propósitos, capacidades y sensibilidades, aún no hayas escrito para él. Esta nimiedad, al lector, nunca le importa.

  68. Todo fanático se indigna y ofende ante quienes se ríen de él, de cuanto ama y respeta.

  69. No sólo hay fanáticos de Dios, también hay fanáticos de la vida los cuales entienden la vida como una unidad ontológica que tiene valor por sí misma. Éstos no toleran que nadie se ría ni maltrate a la vida, a las personas ni mucho menos a ellos. Pero la vida se ríe y juega a placer con todos nosotros, especialmente se ceba con sus fanáticos ¿Será que los encuentra pesados?

  70. Un egoísmo pequeño es siempre fanático: siente una profunda rabia y un miedo atroz hacia cualquier tipo de ataque o contradicción que se le presente. Un egoísmo superior, en cambio, quiere precisamente ser atacado y puesto a prueba. Lo superior respeta a su oponente, por más virulento sea éste. Y le agradece la oportunidad de combatir y contradecirse.

  71. ‘Quien puede estar en las alturas, reírse y mantenerse en pie’ (Zarathustra).

  72. Todo el mundo pretende imponer sus sentimientos y pasiones a los demás de una forma u otra. Quienes se toman algo con sumo respeto y solemnidad exigen a los demás que eso se respete y se tome en serio; si no empiezan a crucificar a la gente. Pero, en verdad, digan lo que digan siempre quieren ser ellos los respetados y los tomados en serio. Son como niños pequeños.

  73. Primero se pega, luego se pregunta; eh aquí una gran actitud que haría mucho bien a muchos atontados. Pero los hombres suelen ser cobardes y temen las represalias, por más ventajas y mejorías conlleve cierta conducta.

  74. No le haces ningún favor a la gente tratándola con indulgencia, miramientos y benevolencia, es decir, mimándola. Sólo te haces un favor a ti mismo.

  75. Un educador nunca puede ser un amigo, más bien, debe ser una especie de enemigo, que si bien respetas, pretendes abatirlo.

  76. A un maestro hay que superarlo, es decir, hay que aspirar a dejarlo en ridículo, hay que pisotearlo, hay que machacarlo –Si es tan bueno que lo demuestre-. A un amigo nunca hay que pretender superarlo en nada. Un amigo es una alma gemela, un igual. Con él compartes. A la mujer hay que amarla no por lo que ella es, sino por lo que representa… y en el amor hay mucho odio y conflictos. Todos los demás, que te molesten e incordien lo mínimo.

  77. Los filósofos son grandes maestros. El buen lector de filosofía es el que se los toma como enemigos a abatir: con respeto, distancia, desconfianza, con astucia, aprendiendo, mejorando y atacando sus flaquezas... que suelen ser muchas.

  78. El mejor maestro es el que, muy egoístamente, quiere que su discípulo saque lo mejor de sí mismo ¡El buen maestro busca ser superado! Así mismo ocurre con el buen escritor y su lector, o el buen padre y el hijo. Para ello, el maestro siempre pone al discípulo ante situaciones peligrosas, difíciles, duras, incluso, quizás, inhumanas. Sólo lo malo tiene la fuerza suficiente como para volver mejores a los hombres, en todos los sentidos. Y quien no esté a la altura de sacar jugo a la maldad, que sea honesto y que plegue.

  79. Son muy pocos los que son honestos, sinceros y nobles y advierten con plena serenidad cuando sobran y no están a la altura –Tal renunciación ya es un signo de grandeza-. La mayoría siempre quiere chupar del bote y se cree con derecho a todo. Son lo más parecido a parásitos.

  80. Muchos se agarran a su ambición creyendo que ello les engrandece; son un quiero y no puedo, es decir, algo lamentable y falsificado.

  81. La educación estatal es, en realidad, la antiformación. Para empezar no atiende a los principios egoístas básicos de todo crecimiento intelectual, más bien atiende a principios perjudiciales. Eh aquí el summum de la ineptitud y la degeneración.

  82. Quirón educó a hombres de una talla espiritual tal que, hoy en día, no encontraríamos ni en cien años. 

  83. Todos los mediocres se creen tan listos, buenos y respetables en lo que hacen, que les ofende e incordia que se les ponga en entredicho. Hecho es, que todos los trabajadores se consideran aptos en sus trabajos; en todo caso se quejan de los demás. 

  84. La diferencia entre los trabajadores y los caracteres nobles es que los primeros dedican unas 40 o 50 horas a la semana a su oficio, los segundos dedican las 24 horas del día a cuanto hacen, pues su vocación es su razón de ser.

  85. La gente más ordinaria cree que nuestro trabajo siempre ha de ser retribuido. Esta creencia tiene mucho de falsedad, pero, en cualquier caso, denota cuán poco vale el trabajo. Un carácter noble no persigue con su actividad una retribución clara y estipulada; eso le sabe despreciable, coercitivo e inferior. En razón, a cambio de poder desatar su libre arbitrio con cuanto emprende no exige demasiadas compensaciones.

  86. Nuestros ojos siempre ven a los demás, prácticamente nunca a sí mismos. Lo más difícil de conocer es nuestro propio egoísmo: nos ocultamos a nosotros mismos.

  87. Es más fácil engañarnos a nosotros mismos que a los demás.

  88. Lo que llamamos verdad la mayor de las veces no es más que un autoengaño.

  89. Los egoísmos más salvajes son los de mejor casta, pero como que se requiere de gran sabiduría para educarlos y sacarles jugo, la mayoría de profesores –que están lejos de estar a la altura de tan difícil tarea- los dejan desperdiciar. Nuestra educación sólo aprovecha a los egoísmos más sumisos, puesto que son los más fáciles de manejar. Entonces, sólo es capaz de promocionar una cultura mediocre y sumisa de funcionarios y operarios. Mientras tanto, se han dilapidado los caracteres más fuertes, ricos y fértiles. Éstos terminan perdiendo el tiempo en algún oficio, pues algo tienen que hacer.

  90. Hacer cabrear a la gente al menos es una forma de despertarlos de su bienestar, sus fantasías y su tontería, y por tanto, de evitar que se apoltronen, naufraguen y corrompan. El buenismo no trae nada bueno.

  91. Los egoísmos nobles suelen negarse a pedir nada, en todo caso se lo toman y se buscan la vida. Pedir es atarse y subyugarse a otro. 

  92. La conducta humana, reflejo de sus múltiples y abigarrados egoísmos, la reconocemos perfectamente en los animales. Se aprende mucho de los hombres con el Discovery Channel.

  93. Si tuviésemos los medios y las armas suficientes nuestros egoísmos nos convertirían en auténticos tiranos: fuerzas desatadas de la naturaleza que arrasarían con todo llevando sus exigencias y voluptuosidades hasta el extremo.

  94. Quien diga que aunque él tuviese los medios para gobernar a placer a todos los hombres se comportaría de forma moral y razonable –con humildad y respetando a los demás- es que, ni conoce a los hombres ni a sí mismo. En verdad, no quiere ver cuán egoísta es.

  95. Un tirano no puede tener amigos: los iguales le ofenden.

  96. Ordinariamente se dice que el poder corrompe. El poder nos desvela nuestro egoísmo con toda su brutalidad y estupidez. La falta de poder, simplemente, lo vuelve más camuflado, astuto, humilde y precavido, femenino, engalanado e inteligente. Y somos tanto una cosa como la otra.

  97. Para hacer aumentar nuestro poder se requiere de oposiciones, de resistencias ¡Deben negarnos, criticarnos y contradecirnos! Entonces, es posible crecer si es que, claro está, no reventamos ante tales agresiones; el crecimiento no es nunca agradable, pues duele y pide sacrificios. En cambio, carecer de limitaciones, de oposiciones y por tanto, gozar de una poder sobrado y aparentemente ilimitado nos vuelve más débiles, nos corrompe y nos disgrega ¡La falta de delimitaciones, tensiones, contrastes y presiones nos diluye hasta que nos evaporamos! Precisamente esto es lo que buscan los budistas: evaporarse. Y es que temen reventar por la presión externa. El budismo pretende ser un remedio para egoísmos que padecen estress. Y ciertamente calma, pero no necesariamente cura, es decir, no siempre te vuelve egoístamente más fuerte y firme, quizás todo lo contrario.

  98. Hay gente que no aguanta nada y otros que son auténticas bestias de tiro, aguantan lo indecible. Es una cuestión de sensibilidades. 

  99. El gran peligro de la civilización moderna es el estress: acabar reventando por la excesiva presión. En razón son necesarias terapias de múltiples clases distintas para limpiar el egoísmo de todos los abusos, ataques y agresiones que se sufre a diario. La gente moderna necesita imperiosamente cargar las pilas de tanto en tanto ¡Y es que nuestro egoísmo no disfruta de energía ilimitada! 

  1. En una época como la nuestra triunfan las ‘religiones’ que proporcionen terapias para cargar pilas. Por ejemplo, el deporte es una de ellas.

  2. Para aliviar el estress o la presión lo más efectivo es ejercer cierto estrés o presión en otro lugar. De esta forma nos descongestionamos.

  3. Las más de las veces tragamos y toleramos porqué no tenemos fuerza para imponer nuestro criterio, nuestras pasiones y por tanto, nuestra voluntad.

  4. Las más de las veces somos agradables con los demás, para que no nos agoten ni molesten: no hay guerra si uno no quiere luchar. Estar todo el día peleando, en tensión y discutiendo con cualquiera sobre cualquier cosa chupa hasta los huesos. Los mejores siempre se guardan y se conservan, es decir, no se malgastan con cualquier tontería.

  5. El mejor egoísmo es el que acumula más sacrificios y fuerzas. Pero para llegar a tal superioridad se requiere de mucho arte. Hay que empezar a ver el egoísmo como una ciencia.

  6. Vivir en sociedad es aprender a camuflar y engalanar nuestro egoísmo. Aprendemos a mentir viviendo en sociedad. Entendiendo, aquí, que mentir es decir cosas distintas a las que pasan por nuestras ‘mientes’.

  7. Aquellos que no están muy acostumbrados a convivir en ciertas sociedades caminan entre sus gentes como los animales que se han extraviado en la jungla: opinan despacio, atentos y camuflando lo más sutilmente posible sus pensamientos, pues cualquier ‘movimiento’ puede ser tomado como un argumento para que esa peña de energúmenos socializados y ‘bien educados’ se abalancen despiadadamente sobre ellos. En sociedad no se suele juzgar una opinión por su demostrabilidad o razonabilidad, sino por cómo esa opinión afecta a la sociedad ¡La sociedad, en cuanto a organismo, también es sumamente egoísta!

  8. Lo habitual es, no atender a la razón y la demostrabilidad de las opiniones, sino a cómo estas nos afectan. Toda sociedad, como cualquier egoísmo –conciencia-, trabaja febrilmente para crear un mundo propio, un sueño propio… ¡Toda sociedad tiende al sectarismo! De esta forma desarrolla sus falsedades, sus hipocresías, sus convenios y leyes, sus intereses y pasiones, sus promociones, selecciones y valoraciones morales (sobre lo que está bien y está mal, lo que tiene valor y lo que no, lo que es justo e injusto, sobre los distintos derechos y obligaciones, etc). 

  9. Dice Maquiavelo que los hombres superiores son los legisladores, es decir, los creadores de nuevas sociedades –nuevas formas de vida-, y luego están los creadores de nuevas religiones y filosofías. Ciertamente Nietzsche generalizó esta idea de Maquiavelo cuando predicó el Superhombre: el creador de nuevos valores.

  10. La gente saca de cualquier sitio conclusiones y argumentos en contra de aquello que intuye que le perjudica. Y si no encuentra suficientes argumentos para refutar cuanto le perjudica, se los inventa. No hay que hacer demasiado caso a los juicios que emiten los hombres sobre las cosas.

  11. Lo más próximo que estamos de ser imparciales con nuestras opiniones surge cuando damos un argumento a favor y uno en contra. Sin embargo, nunca dos argumentos tienen exactamente el mismo peso ni ante nuestros ojos ni ante nuestros sentimientos –Aunque así lo consideremos-.

  12. Las más grandes discordias nacen de las más pequeñas diferencias.

  13. Una cultura forjada en las ventas y los lectores es tan poco honesta, libre e independiente como una prostituta. Sin embargo también es capaz de ser fértil y parir un futuro, aunque sea un futuro de bastardos.

  14. A muchos hombres les encanta exhibir su fuerza y su poderío, pero no todos usan los mismos propósitos para ello: algunos emplean la erudición –ya sea científica ya literaria-, otros emplean el alcohol, otros el ligoteo y el sexo, otros el dinero, otros los cargos públicos. Todo es vanidad. Sin embargo, a los mejores no les gusta exhibirse –Eso lo hacían los esclavos en la palestra de Roma- Piensan. En público prefieren pasar desapercibidos siendo confundidos incluso por mediocres, locos o incapaces. Y es que para ellos el poder no consiste en emborracharse de las cosas.

  15. Los egoísmos más vigorosos no temen rebajarse y mediocrizarse; muchas veces lo emplean como táctica y camuflaje “Cuando te encuentres entre burros, de vez en cuanto rebuzna”. 

  16. Los egoísmos pequeños se caracterizan por la facilidad que tienen de vivir en su propia fantasía. De ellos abruma el hecho de apreciar cómo llaman verdad a su soñar. Viven embrujados en su propio mundo, al que llaman ‘la realidad’ sin titubear ¡Esos ilusos no se dan cuenta de su farsa! Es espectacular.

  17. Un egoísmo superior no es aquel que no ejerce violencia alguna, sino aquel que ejerce violencia a través de la inteligencia. La fuerza bruta es para los brutos, y más vale maña que fuerza.

  18. La guerra de inteligencias es superior a la guerra de piedras y arañazos.

  19. Una guerra de inteligencias puede ser mucho más destructiva que una de fuerza bruta. Pero la primera sabe mejor cómo sacar provecho de la destrucción y la conquista.

  20. Quien se niega a la violencia se niega a vivir –la sangre lleva a la sangre- se dice. Y ciertamente la sangre es vida.

  21. Los organismos vigorosos, fuertes y sanos son aquellos que se reproducen y metabolizan a gran velocidad. Un organismo envejece cuando su capacidad de reproducción y metabolización se retrasa de tal forma que lo externo empieza a dominarlo y disolverlo.

  22. Los países subdesarrollados seguramente tienen más futuro por delante que los desarrollados.

  23. Una civilización vitalmente superior es sumamente violenta y agresiva, aunque inteligente.

  24. La mayoría de egoísmos sólo piensan en sí mismos. Y cuando hablan en nombre de la humanidad en realidad hablan para sí mismos –Puesto que la humanidad es cada uno de los individuos que existen, defendiendo y alabando a la humanidad me defiendo y me alabo a mí mismo- Rumian. En realidad, cuando todos los misántropos han hablado en público han apelado a la humanidad para justificar sus actos –Kant, Einstein, Spinoza, cristianos, socialistas, etc…-. El concepto humanidad va de perlas para camuflarse.

  25. Si la gente pensara y sintiera que su propia vida -cuanto ellos toman conciencia y viven- más bien importa poco si lo comparamos con la vida, el desarrollo y el futuro de la especie humana, entonces, no se aceptaría la sociedad moderna actual. La democracia está diseñada para cebar a los egoísmos pequeños que ven su vida de forma exclusivamente individual, esto es, como una unidad atómica e indivisible que surgió cuando su madre los parió y que desaparecerá cuando ya no sean capaces de metabolizar su entorno y se disipen en él.

  26. La idea sobre la vida que se tiene hoy en día es indemostrable, eso es, imposible. La vida de la persona -del individum- no es fugaz, ni pasajera, ni mucho menos un misterioso juego de magia. Para empezar la persona no existe en cuanto a unidad ontológica, así que ni puede aparecer ni ser ni desaparecer. Pero así lo han predicado muchos egoísmos para sacar provecho de cuanto viven. Y de esta farsa se ha desarrollado el individualismo, carácter propio de occidente.

  27. Ciertamente la individualización es un signo de potencia, independencia y fuerza: cuanto más elevada es una montaña mayores abismos y hondonadas la circundan, distinguiéndola como algo singularísimo. Es decir, los mayores egoísmos en muchos aspectos se comportan como los más individualistas. Pero como que no son realmente individuos (objetos atómicos, dados, válidos por sí mismos y aislados de todo cuanto les rodea), cabe apreciar cómo también se comportan, las más de las veces, de forma nada individualista.

  28. Un egoísmo superior es ese que, cuando se individualiza, no se restringe a lo que toca con las manos, al día a día, a las impresiones inmediatas, en fin, no se restringe al momento en que nació y al día en que va a ser engullido por su entorno. En otras palabras, un egoísmo superior es ese que presiente la profunda y larga herencia que lo conforma así como el largo provenir que de él va surgiendo en cada momento. Todos los egoísmos ricos y sanos sienten de modo profundo la historia, pues en cierto modo se sienten partícipes de ella, y a la vez, miran al futuro lejano con la confianza de que sus actos y su ser resonarán en el porvenir.

  29. Los egoísmos sanos suelen perseguir una única meta: alcanzar una excelencia, una superioridad, un dominio profundo, sereno y propio. Hagan lo que hagan aspiran a ser los mejores, eso es, a sacar lo mejor de sí mismos, aunque muchos juzguen eso como malo, erróneo o perjudicial. Estos egoísmos conforman lo que en griego se llama -una aristocracia- y representan algo así como la antítesis de la mediocridad, es decir, de los egoísmos satisfechos, complacientes, indulgentes, esos egoísmos que viven exclusivamente de lo estándar, lo convenido por el método, lo dado y trillado por los hábitos, las costumbres y las tradiciones. Los mediocres se caracterizan por su incapacidad de innovar, extraviarse y arriesgarse en nada ¡No son capaces de crear un coto propio! Y es que carecen de agresividad, violencia y potencia para ello.

  30. Los egoísmos psicológicamente sanos y fuertes no juzgan el dolor como aquello que hay que exterminar, evadir y criminalizar, sino como la fuerza para alcanzar los más profundos bienestares. Los fuertes ven el sufrimiento como la fuerza para sacar lo mejor de sí mismos.

  31. Tradicionalmente, la ética y la psicología que se ha elaborado en occidente hasta la fecha se ha fundamentado sobre la idea de ‘individuo’: yo soy una conciencia. En razón, tales estudios son tan falsos, frustrantes e indemostrables como la mecánica propuesta por Aristóteles para describir el movimiento de caída de los cuerpos sólidos. Sin embargo, esta farsa tranquiliza y reconforta a muchos egoísmos.

  32. Maquiavelo fue el primer post romano que trató la psicología y la ética humana partiendo del egoísmo -Toda conducta humana es egoísta: violenta, posesiva, cruel, vanidosa, intestina, voluble, interesada- Nos advierte el florentino ¡Y cuantas recriminaciones le costó hablar con tanta franqueza! “Desde hace un tiempo a esta parte, yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla” ¡Durante siglos los grandes espíritus han tenido que hacerse el sueco para no incordiar el bienestar y la complacencia de la gente y por tanto, gozar de cierto trato social!

  33. Montaigne fue el primero de tratar la filosofía y los pensamientos humanos como manifestaciones egoístas y por tanto, de considerar que las conclusiones científicas a las que llegan los hombres no son fruto de la ciencia misma, sino de sí mismos –en cuanto a organismo-. La Rochefoucauld desarrolló algunas de las tesis básicas del egoísmo en sus máximas. Por ejemplo, estipuló una de las premisas fundamentales para el desarrollo de la ciencia psicológica “Es más necesario estudiar a los hombres que a los libros”. Pero los psicólogos modernos (Descartes, Locke, Hume, Kant, etc), que representan un retroceso intelectual respecto de la aristocracia cultural renacentista (y cuando digo renacentista quiero decir no idealista), antes que estudiar el comportamiento real de los hombres preferían repudiar y tergiversar el incipiente y tentativo estudio que nos habían legado para, entonces, establecer leyes morales completamente arbitrarias (que simplemente satisficieran sus deseos y sentimientos); leyes que para defenderlas y justificarlas las llamaban desde divinas, a naturales o racionales ¡Como si con tales etiquetas y filigranas estos insolventes demostraran algo! En la edad contemporánea, Nietzsche se quedó completamente sólo al reclamar, de nuevo, regresar al espíritu que vislumbró el renacimiento: considerar el egoísmo como piedra fundamental de todo el comportamiento humano. Y es que los egoísmos incapaces adoran vivir en su propio sueño, es decir, les excita y necesitan apartar la mirada de la realidad.

  34. Durante siglos ya fuera a través del cristiano-platonismo o simplemente protegiéndose detrás del idealismo filosófico desarrollado a partir de Descartes los occidentales han sido incapaces de desconfiar del individualismo –la conciencia como unidad ontológica de la vida y recipiente de verdades inmediatas-, y ponerse a estudiar el comportamiento humano de forma científica, demostrativa y franca.

  35. Cómo ya le sucedió a Leonardo da Vinci que fue fuertemente censurado por pasarse las noches descuartizando miles de cadáveres con el fin de describir con detalle, precisión y exactitud la estructura fisiológica del cuerpo humano, también los fisiólogos de la conducta humana son repudiados por las ‘buenas conciencias’, puesto que tales investigaciones ofenden y violentan las creencias fundamentales de aquellos que van de ‘buenos’ y morales -¡No toquéis la conciencia humana que es sagrada!- Exclaman. Estos hombres éticos no son más que fanáticos.

  36. Toda fuerza social emerge del conflicto y tensión entre sus clases de egoísmos ¡Toda potencia social vive del conflicto: de sacar provecho al conflicto entre sus partes! Pues toda sociedad rica y vigorosa manifiesta distintas clases sociales: los que mandan, los que poseen o sencillamente, los que ejercen una mayor influencia social. Luego está el resto.

  37. Protegiendo a todos los egoísmos humanos, sean sus condiciones y capacidades las que sean, no le haces ningún favor ni a la especie humana ni a la sociedad ni a nada, de la misma forma que no le haces ningún favor a tu organismo si proteges, conservas y almacenas todo cuanto produces, desarrollas y elaboras. Vivir exige eliminar muchas toxinas, deformaciones e imperfecciones.

  38. En todo organismo se le llama toxina o imperfección a aquello que la debilita, volviéndola incapaz de sacar provecho de cuanto le afecta. Si se protegen y promocionan a lo egoísmos débiles, incapaces, tarados, deformes, etc, entonces una sociedad, en cuanto a organismo, se va disolviendo puesto que se vuelve incapaz de nada.

  39. Cuando se llega a una sobreabundancia, entonces, empieza la corrupción ¡Todo se pudre! Pero la corrupción no indica nada malo, sólo que un organismo ha llegado a su madurez y está listo para disolverse en su entorno y fertilizarlo. Sólo de lo corrupto, lo podrido, lo degenerado pueden emerger nuevos organismos y fuerzas de la naturaleza.

  40. La sociedad occidental vive un período de sobreabundancia. No en vano tiene un montón de motivos para dar señales de corrupción y debilitamiento, por ejemplo: el aumento de atención que se les presta a los desgraciados, a los fracasados, a los tarados, a los desequilibrados, a los que sufren. Este aumento de la preocupación por los más débiles y los que sufren parece ser un síntoma de impotencia para hacer frente a nuevos retos y nuevas superaciones. La compasión es un síntoma de debilidad y corrupción fisiológica. 

  41. Todo organismo vigoroso y en crecimiento es escéptico ante el dolor. Para él, el dolor nunca es argumento, en todo caso es un handicap y un alimento ¡Cuánto más sufren más vivos se sienten! En cambio, para los organismos impotentes y débiles todos los argumentos giran alrededor del dolor, y como evadirlo.

  42. Todo organismo degenerado y corrompido venera la paz y el amor, mientras tiende a aislarse de todo cuanto le rodea ¡Consideran la paz y el amor como remedios infalibles contra el dolor! Pero están completamente equivocados.

  43. La debilidad tiene el poder de abstraernos del mundo ¡Cuando nos falta oxígeno empezamos a desvariar y nos desvanecemos! Y cuando nos desvanecemos ya no hay dolor. Precisamente esto es lo que han buscado siempre los místicos: desvanecerse. Y consideraban este comportamiento y esta vivencia como el camino que nos trasciende hasta una realidad superior y mejor (no dolorosa, no subjetiva –no consciente-, no conflictiva) ¡Qué interpretación más ilusa y enfermiza de la vida!